Las vidas de las personas
con discapacidad intelectual se desarrollan en entornos donde las principales
interrelaciones son con la familia y profesionales. Por ello, el abordaje del
tema de la afectividad y sexualidad de las personas con discapacidad
intelectual resulta un tanto delicado.
Para muchas familias y
muchos profesionales es un hueso duro de roer y por consiguiente de aceptar. En
muchas ocasiones se trata de ignorar y actuar como si no existiera. Pero en una
sociedad donde el sexo está omnipresente a nuestro alrededor, es un error
ignorar y creer que las personas con discapacidad intelectual no tienen esas
necesidades o no son como los demás en este aspecto; por lo que tenemos que considerar
la sexualidad como un elemento más dentro de nuestra atención a estas personas,
e imprescindible para poder trabajar con los principios básicos de esta
atención: integración y normalización.
Para poder llevar a cabo
este objetivo y plantearnos este tema de forma adecuada, tenemos que ser conscientes
de las falsas creencias en torno a la sexualidad de las personas con
discapacidad intelectual, así como las implicaciones que conlleva su
discapacidad.
Algunas falsas creencias
son:
• Las personas con
discapacidad intelectual son asexuadas.
• Las personas con
discapacidad intelectual son como niños y sobre todo en el terreno sexual.
• Las personas con
discapacidad intelectual, no resultan atractivas sexualmente para otras
personas.
• No se les debe despertar
su interés sexual, porque son inocentes.
Entrada 24 marzo
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